Cuando entro por la puerta de mi casa y escucho a mis hijas decirme “mami, vamos a jugar un rato” dejó atrás todas las preocupaciones y se me olvida todo. Ellas tienen la virtud de hacerme desconectar de todos los problemas del día y de posibles preocupaciones.

Y es que mi familia siempre ha sido mi pilar fundamental, mi punto de apoyo y mi vía de escape. Mi marido, mis hijas, mis padres y mi hermana son mi gran apoyo. Sin su comprensión y ayuda, hoy difícilmente podría compaginar mi papel como madre y alcaldesa.

Bien es cierto que mis hijas han crecido con mi dedicación a la política. De hecho, el día que me enteré de que estaba embarazada, fue el último jueves del mes de septiembre de 2013, día de pleno municipal. La gran noticia para José y para mí llegó a las 19:00 y a las 20:00 horas comenzaba el pleno. Es la forma en la que, desde el minuto 0, mis hijas han aprendido inconscientemente a vivir la política con normalidad, ya que han nacido y crecido con ella.

Hasta donde mi memoria alcanza, siempre he tenido una gran vinculación con mi familia. Me crié con mis abuelos maternos, Juana y Laureano, y mis tías y tíos, Pedro, Cati, Fernando y Juani para los que fui la primera nieta y la primera sobrina, su “juguete”. Tal es el vínculo que nos une que a mi tía pequeña, Juani, con la que solo me llevo 10 años, la siento como una hermana.

De mis padres, pero también de mis tíos y mis abuelos, aprendí mucho de lo que hoy soy. Por ejemplo, mi abuelo paterno, Bernabé, me inculcó la pasión por la música. Él era músico y, cuando vino de su pueblo, Ontur, a vivir a Petrer, enseguida buscó la forma de seguir con su pasión, la música.

Fue así como acabó formando parte de la Asociación músico cultural eldense Santa Cecilia de la que, gracias a él, yo también formé parte, después de haber dado mis primeros pasos en la música a la edad 5 años, en las clases con Francisco Albert Ricote.

Y ahora me gusta ver como la historia se repite con mis padres y mis hijas. Mis padres son para mis hijas sus segundos padres.